“Es un privilegio seguir teniendo al CLAEH como una de mis casas”

Gerardo Caetano recibió recientemente la llamada de un periodista uruguayo que quería felicitarlo. En esa comunicación se enteró de que había sido considerado uno de los intelectuales iberoamericanos más influyentes. “Mirá vos, mandame el link”, pidió. 

 

—Fui el primer sorprendido. La revista Esglobal, a través de una consulta con redes de científicos sociales, hace un ranking de los 50 intelectuales más influyentes. Es un reconocimiento muy importante, pero no tiene otra cosa que eso. Las distinciones son importantes para sentirse reconocido y sentir el cariño de los amigos, pero no hay que tomárselas muy en serio. Me gusta lo que hago y uno quiere que lo que hace pueda servir a otros, pero de ahí a creérmela en serio…


A sus 56 años, es docente investigador de la Universidad de la República. Además, trabaja en medios de comunicación porque entiende que eso forma parte del rol del intelectual. Tiene vocación de historiador desde su adolescencia. Fue su profesor Carlos Zubillaga quien, en el liceo, terminó de marcarle el camino. 

—Me vinculé con el CLAEH en el año 1977, a través de quien había sido mi profesor de Historia, Carlos Zubillaga. En aquellos años duros, él era el responsable del programa de Historia y del programa de Investigaciones del CLAEH. La Universidad estaba intervenida y el CLAEH era una especie de oasis. Zubillaga impulsó programas de formación de investigadores y me invitó a participar en el primer diploma de formación de investigadores que duraba tres años. Yo tenía 18 años. 


Por aquellos años jugaba al fútbol en Defensor, una actividad que le permitió aportar a la economía de su casa cuando sus padres murieron. 


—En el año 77 también empecé a trabajar en el CLAEH como asistente del diploma. Me formé como investigador y pasé a formar la planta al ganar un concurso de ensayos.


Trabajé en el CLAEH 31 años; años muy decisivos para mí. Eran tiempos de dictadura, Universidad intervenida, el IPA también. No había formación de investigadores… De modo que poder trabajar y estudiar en el CLAEH fue un gran privilegio. El CLAEH era un espacio muy plural desde todo punto de vista y había un trasiego permanente de investigadores latinoamericanos de muchas disciplinas. Estando allí uno podía estar con contacto con filósofos, economistas, juristas, politólogos. Teníamos un debate cotidiano y así me formé en un diálogo muy intenso con cultores de otras ciencias sociales. 


En el año 1985 Caetano comenzó a trabajar, junto a José Pedro Barrán, en la Facultad de Humanidades y Ciencias. 

—Hasta 2008, mis radicaciones fundamentales fueron el CLAEH y la Universidad de la República. En 2008, dejé de trabajar en el CLAEH, pero sigo siendo socio y sigo teniendo una gran adhesión por todo lo que el CLAEH es y hace. Y cada tanto encuentro el hueco para dar alguna clase. Me sigo sintiendo unido. 


En el 90 empezó a trabajar en los medios. EL primero que lo invitó fue Jorge Traverso, así que comenzó a tener una columna en Radio Sarandí. Estar en los medios de comunicación forma parte de un perfil que le gusta, dice, aunque a veces esa dimensión mediática puede llegar a “agobiar”. 

—Cuando el investigador está escribiendo o investigando tiene que estar solo. A mí me cuesta escribir en el trabajo y tengo que hacerlo en casa, solo. Uno además tiene que tener una disciplina de lectura y no bajarla ningún día. Yo me obligo a leer cuatro horas por día como mínimo. Eso es fundamental, porque si no uno pierde el tren… más con el bombardeo que hay hoy. Ojo, también navego por internet. 


No tiene perfil de Facebook ni Twitter, aunque sí le interesan las redes sociales y las mira, cuenta. No integra ningún partido aunque su pensamiento es de izquierdas, aclara. 

—No podría estar en un partido político. Me han ofrecido cargos y condiciones. No tengo vocación. Tampoco tengo vocación de gestión. Muchas veces me han ofrecido ser decano. Tampoco. No me gusta. Lo que no quiere decir que sea prescindente. Soy un intelectual público y doy mis opiniones. No podría estar en un partido porque no podría soportar tener que consultar sobre mis opiniones. Quiero tener la garantía de que me represento a mí mismo y, en el error o en acierto, opino lo que pienso. 

Me reconozco como un hombre de izquierdas, pero cuando hago análisis de la política uruguaya soy muy honesto. No siempre lo lograré, pero siempre busco ser extraordinariamente crítico para decir si algo me gusta o no, sin importar quién lo haga. 


Me juego por las cosas en las que creo. Eso me hace participar en cierto debates, porque creo que un intelectual debe hacerlo, aunque con seguridad lo que más me tienta es esconderme y leer. Creo que un intelectual debe producir conocimiento crítico sobre la sociedad, sobre el pasado, ayudar a pensar.


En su momento no pudo formarse en el exterior, una experiencia que considera valiosa. Cuando esa oportunidad tomó forma, ya habían nacido sus hijos y no era el tiempo. Sin embargo, le sobran motivos de agradecimiento, dice. 

—Tuve otras oportunidades enormes, como poder tener cerca a un gigante como Barrán. He sido muy privilegiado y uno de los privilegios es haber tenido y seguir teniendo al CLAEH como una de mis casas. 

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